
En el momento que escribo estas líneas se cumple justo un año de la desaparición de la joven sevillana Marta del Castillo Casanueva. Una desaparición que ha conmocionado a la opinión pública española y que mantiene en un permanente calvario a la familia. Desde aquel 24 de enero de 2009 y hasta el día de hoy, los acontecimientos acaecidos han ahondado aún más en el dolor de la familia. Al poco de la desaparición de Marta, la Policía, que apenas movió un dedo en las 48 horas posteriores a la desaparición de la chica, detuvo a Miguel Carcaño, a Samuel Benitez y a un menor apodado " El Cuco", todos amigos de la chica. También detuvieron a Francisco Javier Delgado, hermano de Carcaño y a la novia de éste, Maria García. Todos están imputados y todos están en la calle. Todos, menos Carcaño que disfruta de la buena vida en la cárcel de Morón. Allí, en la cárcel, como hoy recuerda el padre de Marta, come todos los días caliente, está protegido, recibe cartas de admiradoras y puede ver la televisión hasta las cinco de la mañana; mejor que en su propia casa. Así se vive en nuestras cárceles.
" La investigación policial ha sido de libro" dijo en su día, ante las cámaras de televisión, el Jefe Superior de Policía de Sevilla, Enrique Alvarez Riestra, el jefe policial que debe tener los mejores enchufes en el Ministerio del Interior, si no, no se entiende que este hombre siga estando donde está después del propio caso Marta del Castillo o los robos de drogas en su propia jefatura, delante de sus narices. La investigación policial no ha sido de libro, ni mucho menos; ha sido cutre como sólo la policía sevillana podría hacerlo. Ni se ha investigado bien, ni se ha interrogado de manera efectiva, los equipos de ADN estaban averiados cuando se intentaron practicar pruebas.... Espero que las pruebas que se han recopilado contra los implicados en esta dolorosa trama, sean lo suficientemente solventes para que Carcaño siga en la cárcel, y lo demás regresen a ella. Investigación policial aparte, resulta bochornoso e irritante el caso de la novia de 14 años de Miguel. Si, esa niña que tiene edad para tener derecho a todo y ninguna obligación. Esa niña que se paseó junto a su madre por los platós de televisión y que muy probablemente sabe todo lo que ocurrió, como su propia progenitora. Inexplicablemente, no se adoptó ninguna medida cautelar contra ellas.
Para rematar este año de despropósitos, está también la línea política y el papel desempeñado en todo este lío por el subdelegado del gobierno en Sevilla, el desconocido Faustino Valdés. Un tipo gris, permanentemente eclipsado por el delegado del gobierno, con mala leche - cuentan algunos de sus colaboradores- y que no ha dado la cara en todo este asunto, ni en las muchas meteduras de pata de la Policía sevillana. Eso si, Valdés se apunta a todas las fotos de los éxitos policiales, como el último golpe de la Guardia Civil contra el narcotráfico, donde Valdés estiraba y estiraba el cuello para salir en la foto. Por cierto, hablando de la Guardia Civil. El señor subdelegado del gobierno debería explicar porqué mareó a la Guardia Civil en las primeras horas de búsqueda en el río, porqué no permitió que los perros especialistas en localización de personas de la Benemérita se ocuparan del rastreo, mientras la Policia Nacional se fotografiaba en labores de búsqueda con perros especialistas... en drogas y explosivos. Aún resuenen en mis oídos las palabras del Ministro Rubalcaba..." pondremos todos los medios a disposición de la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo..." ¿ Todos los medios? ¿ Y la Guardia Civil? Creo, al igual que los padres de la joven, que si la Guardia Civil hubiera actuado desde un principio y hubiera llevado el peso de la investigación, los imputados seguirían en la cárcel, el cuerpo habría aparecido y los padres de Marta estarían, hoy, llorando ante la tumba de su hija, no aguantando a unos niñatos que se han cachondeado de la Policía, de los jueces y de la sociedad en general, a un jefe policial que inexplicablemente continúa en su puesto, y a unos politicos incompetentes que son responsables, en gran medida, de unas leyes que protegen al delincuente frente a la víctima, unas leyes en exceso garantistas de la que sólo somos conscientes cuando ocurren casos como el que hoy nos lleva a conmemorar este triste aniversario. Hoy, los padres de Marta deberían estar llorando de pena, no de rabia y frustración.