
Han desaparecido cien kilogramos de cocaína de la Jefatura Superior de Policia de Sevilla. Cien kilos es una cantidad desorbitada y su precio, en el mercado negro, bien podría superar los seis millones de euros, o mil millones de las antiguas pesetas. El asunto, sobre el que pesa el secreto del sumario decretado por el juez que lleva el caso, habla a las claras de la corrupción que también existe en la Policia, desgraciadamente. Este caso tendrá una pronta resolución por parte de los agentes de Asuntos Internos del CNP que se han hecho cargo de la investigación. No son muchos los sospechosos y las pesquisas concluirán en breve con las correspondientes detenciones, aunque de momento se desconoce si los ladrones son agentes de la escala básica, o existe algún mando implicado.
Aunque no trascienda, el robo de droga es algo relativamente habitual en dependencias policiales, aunque a pequeña escala y casi siempre las investigaciones internas culminan en detenciones. Pero hay casos, en el que la sustracción de droga pasa desapercibida. Los protagonistas de estos robos suelen ser agentes que atraviesan por apuros económicos y, en algún caso también, agentes consumidores habituales de droga, que también existen. Recuerdo, hace años, episodios esporádicos que generaban un tremendo malestar interno. Hubo casos casi anecdóticos, y otros mucho más graves. De fondo, que no lo justifica ni mucho menos, la precariedad económica que sufre una gran parte de la plantilla de la Policia y de la Guardia Civil, profesionales con sueldos ridículos que de manera muy habitual participan en operaciones en las que tienen a mano grandes sumas de dinero o drogas. No sé si habrá evolucionado mucho o no, me temo que no por lo visto, pero hace años, los alijos de drogas - enormes cantidades - apenas eran custodiadas y el acceso era relativamente fácil. Recuerdo también que, cuando el juez ordenaba la destrucción de droga, el traslado de la sustancia y su posterior incineración se desarrollaba sin que se incrementara en exceso las tareas de vigilancia, cosa que sí ocurría, por ejemplo, con la conducción de explosivos.
Estos cien kilos de cocaina se guardaban, junto con mucha más droga, en un calabozo de la Jefatura Superior de Policia de Sevilla. Un simple calabozo sin más medidas de seguridad de las que se pueden ustedes imaginar. Cualquier agente desaprensivo, podia perfectamente sustraer pequeñas cantidades de droga y sustituirlos por cualquier sustancia convenientemente envuelta en papel o precinto parecido al original. En este caso, un abogado defensor de unos narcotraficantes algo se debió oler cuando solicitó un contraanalisis de la droga, algo poco habitual. Los agentes corruptos creyeron que se saldrían con la suya y finalmente caerán. Unos mal llamados Agentes de la Autoridad que, además de cometer un grave delito, han puesto de nuevo en el mercado cien kilos de coca. La Policia guarda un escrupuloso silencio, y me parece bien, pero una vez practicadas las detenciones y levantado el secreto del sumario, los responables policiales deben dar detalles precisos y concretos de lo ocurrido y poner sobre la mesa nuevos dispositivos de guarda y custodia de drogas incautadas para que este caso no vuelva a ocurrir nunca más.











